martes, 5 de marzo de 2013

NIEVE Y FUEGO





La suave brisa del viento agita el cabello sobre tu cabeza arremolinándolo, jugueteando con las ásperas cerdas de color negro y trayendo consigo el perfume que emana de las flores mas allá de la colina, en el cercano recinto natural del que has hecho tu santuario. Te encuentras justo en el centro del hermoso jardín que se extiende apenas un poco más allá de donde podrías llegar en unos minutos, sentado sobre una roca para no pisar ninguna de las hermosas flores que tapizan el suelo de esta pradera.


El sol de medio día ilumina los pétalos de colores brillantes y brillantes destellos escapan al tranquilizante sonido del agua que un delgado riachuelo trae consigo desde las montañas donde ángeles de níveas alas pululan entre la nieve.





No te agrada eso, la batalla transcurrirá demasiado cerca de este lugar que tanto aprecias, apenas a un tiro de piedra hacia donde se oculta el sol. En un simple descuido, en un giro inapropiado del destino la batalla se movería hasta el campo de flores, dejándolo marcado por siempre con la sangre y el horror de esta guerra inútil, destruyendo por completo la belleza inmaculada de este lugar.



Ya no tendrías a donde ir tras la batalla, un lugar que te hiciera olvidar por un instante los horrores de la guerra. El agua del rió ya no podría consolarte mientras lloras por tus hermanos caídos. El viento ya no secaría tus lágrimas ni se llevaría consigo el dolor que te produce esta lucha por una libertad que está tan lejana y que tal vez nunca llegara.



Pero por ahora no puedes hacer nada sino esperar a que comience la batalla y entonces luchar, luchar contra el enemigo con toda tu fuerza esperando que la batalla termine antes de que se extienda hasta las hermosas flores que por las noches sueltan su dulce fragancia, donde el viento susurra una canción de paz y el arrollo, con sus cristalinas aguas corriendo incesantemente, te acuna en las noches sin luna.






Ahora es momento de extender tus alas negras y volar hacia el amanecer en donde tus compañeros esperan para que de comienzo la tercera batalla de las montañas. Una mancha negra y roja se extiende en la lejanía por todo el valle. Recuerdas que cuando la guerra comenzó esta mancha podría haberse extendido hasta más allá del horizonte, pero cada vez quedan menos y no nacen suficientes críos para reemplazar los muertos que deja cada batalla. Como muchos te preguntas si acaso algún día aunque sea un puñado de los miles que allí abajo esperan alcanzarán la libertad o si acaso todos y cada uno serán asesinados por soñar más allá de lo que les era permitido.






Avistas a los miembros de tu grupo donde han reservado un pequeño espacio para ti. Deciendes lentamente y te posas junto a ellos... la batalla pronto comenzará.



-Son demasiados- susurra alguien en un tono nervioso, casi apesadumbrado.



No reconoces la voz pero sabes que no es el único que comparte contigo el miedo, la incertidumbre, ese sentimiento que despierta cada vez que miras hacia la montaña.



Desde el valle en el que tus compañeros y tú aguardan no es posible apreciar todos los detalles del enemigo que se aposta sobre la montaña. Las nubes ocultan la cumbre donde el ejercito de ángeles aguarda para lanzarse al ataque. En ocasiones las nubes dejan ver parte de la inmensa capa blanca que se extiende desde la punta de la montaña, derramándose sobre las laderas en un fino manto semejante a la nieve.



"Nieve"... es la imagen que viene a tu mente al contemplar la blancura que corona la montaña. Si no fuera porque aquella masa blanca cambia de forma, se mueve y se ordena en escuadras listas para atacar pensarías que aquella blancura es nieve suave y pura que por mucho tiempo se ha acumulado apasíblemente sobre la roca.



-Si, son muchos- respondes al aire esperando que te escuchen los miembros de tu escuadrón, sobretodo aquellos que tienen miedo, aunque en realidad tus compañeros se encuentran alejados, perdidos entre la desordenada multitud para evitar que el enemigo pueda identificar la estructura y organización del ejercito de demonios. -Son muchos, eso significa que habrá más para matar, así que no se peleen entre ustedes por matar al mismo-.



Una carcajada se generaliza a tu alrededor y rápidamente se convierte en un grito de furia de batalla que se extiende por todas las lineas ya dispuestas para el combate. La tierra retumba con los vítores. Todos tienen miedo, y todos tratan de darse valor unos a otros fingiendo confianza en la victoria.



"Nieve"... vuelves a pensar en medio de la euforia que has provocado cuando contemplas la masa blanca formada por miles de alas preparadas para levantar el vuelo. "Nieve"... te preguntas si alguien, dentro de las filas enemigas, estará mirando en dirección a ti... ¿Que pensará al ver a tus hermanos y a ti desde la lejanía? ¿Que imaginara?. Tal vez ese ángel desconocido que fue atraído por el destino a esta guerra, a este mundo, a esta batalla, esté mirando en este lugar un mar de fuego formado por la piel roja de todos los demonios alineados hombro con hombro en el fondo del valle. O tal ves esté imaginando que aquel mar de alas negras es una extraña criatura que reposa entre las suaves colinas.



Los cuernos de batalla resuenan desde cada rincón de este mar de fuego anunciando el inicio de la batalla mientras a lo lejos se escucha el sonido de una trompeta de la trompeta de Gabriel, el líder de los ángeles.



La blanca capa de nieve se revuelve y se levanta en una hermosa nube blanca que rápidamente forma un ascendente torbellino. A veces te sientes culpable por pensarlo... pero es la verdad... los ángeles se ven hermosos cuando vuelan juntos. Es una lastima que esa belleza sea también el anuncio de que muchos de tus compañeros, y quizá tu también, morirán en poco tiempo.



La hermosa nube se levanta en una enorme columna blanca que se eleva por el cielo azul y despues de unos momentos hace una curva y comienza a descender en dirección hacia ti a toda velocidad. Pronto adquiere la forma de una flecha dentada cuya punta principal se ensartara en el centro del mar de fuego que ya comienza a agitarse. De la flecha se separan varias puntas menores, con los ángeles mas poderosos encabezando cada una de aquellas puntas.
Puedes ver el brillo de sus lanzas doradas y los tambores demoniacos comienzan a repicar ante aquella proximidad.



Como siempre aquellos que tienen el don de una vista aguda observan con atención la columna de ángeles que se aproxima a toda velocidad. Ellos describen todo lo que ven, los nombres de los ángeles que reconocen, las posiciones y formaciones, todo. Los estrategas escuchan con atención a sus vigías y giran instrucciones a los tambores para que la mayoría de los demonios sobreviva a este encuentro.



Puedes escuchar ya el canto de los ángeles que seguramente exploran también las estrategias de los demonios tratando de descubrir la posición de los estrategas y transmitiendo entre ellos sus propias estrategias, pues ellos también quieren sobrevivir.



Cuando están por llegar, las puntas de la nube se separan. Los tambores te han dado tus ordenes: atacar a la tercera punta inferior, evitar que se aproximen al centro de la batalla y tratar de matar a su capitán.



Susurras unas palabras a los oídos del tambor que se encuentra a tu lado y este. Tan pronto como ha escuchado la ultima palabra, golpea el cuero con fuerza y habilidad, arrancando notas que viajan por el campo hasta llegar prestas a los miembros de tu escuadrón dispersos entre la multitud de demonios.



Tan pronto como el tambor se silencia nueve demonios se separan de las filas corriendo por debajo de la columna blanca hacia la punta que deben detener. Con el rabillo del ojo puedes ver otros grupos que ya se levantan al encuentro de otros ángeles.



Corres por el campo detrás de ellos un poco mas lento, fingiendo una herida en tu pierna. A una orden tuya, tus hermanos ascienden verticalmente para encontrarse cara a cara con los ángeles que ya les han visto acercarse y se preparan para la embestida.



A lo lejos, en el centro de la batalla donde los ángeles y demonios mas poderosos comienzan ya la refriega se escucha el estruendo de las armas acompañados por innumerables gritos que casi opacan el sonido de tambores y cantos de ambos ejércitos.



Una vez que llegas justo debajo de donde tus hermanos se enfrentan a los ángeles te detienes a observar.



Como capitán tu deber es enfrentarte con tu contraparte enemiga. Si logras interrumpir su canto los demás ángeles de su escuadra entrarán en desorden y sucumbirán ante la fuerza de tus hermanos. Pero si mueres serán ellos quienes mueran sin un líder que les dirija contra unos ángeles bien organizados.



Observas con atención tratando de descubrir a tu objetivo. El capitán es siempre aquel que rehuye al combate y canta en medio de la batalla, dirigiendo con su melodía las acciones de sus subordinados, pero los subordinados también cantan para evitar que su capitán sea descubierto. Por fin alcanzas a divisar una guirnalda, símbolo de poder y nobleza, en las sienes de uno de ellos. El capitán de los ángeles es muy joven, parece nervioso, y su canto denota la indecisión de quien no ha pasado por muchas batallas, al menos no como capitán.



Tu objetivo ha caído en el engaño, seguramente piensa que la falsa herida de tu pierna te convierte en una amenaza menor y ha dejado el camino libre entre ustedes dos.
Tus hermanos hacen un gran trabajo peleando contra los ángeles. En cuanto aquel que lleva la guirnalda muera, la victoria estará asegurada.



Desenvainas tu espada que refulge con el brillo del sol y de un salto te lanzas contra el enemigo en un grito de furia. Por un momento piensas el miedo de tu contrincante podría ser tan falso como la herida de tu pierna, pero la mirada de terror que aquel ángel te dedica mientras asciendes a su encuentro te despeja todas las dudas y te dice que has tomado la decisión correcta.



La distancia se acorta y tu adversario no ha podido reaccionar en los pocos instantes de vida que le quedan. Esto sera rápido, un solo corte de tu espada y todos tus hermanos vivirán a una batalla más.



Pero algo sale mal, el impacto sobre tu costado de un escudo sagrado formado por las blancas plumas de un ala angelical interrumpe tu acometida y te hacen perder el objetivo. Una lanza dorada se aproxima rápidamente a tu costado, en un movimiento logras evitar la muerte y descargas tu espada hacia donde supones que está su cabeza. Tu espada silva furiosa al cortar solo el aire.



Cuando te das cuenta de tu situación notas que el ángel ha esquivado por muy poco tu corte, ambos han perdido el sustento del aire en la refriega y se precipitan al suelo en una parábola que los aleja del centro de la batalla. Mientras ambos caen las armas no dejan de buscar los puntos débiles de ambos contrincantes. Tu cuello, su abdomen, tu ojo derecho, su corazón... estocadas, fracasos, desvíos, choques de armas que a veces arrojan destellos de luz que iluminan tus ojos que no pierden de vista ni un instante los movimientos del arma del ángel.



El ángel no parece ser muy hábil en las armas, pero su velocidad y constancia te pondrán en un serio riesgo si llegas a perder la concentración por un instante. Tras bloquear varios de sus ataques logras acertar una patada seca sobre su pecho, sientes como tus garras penetran en su carne y, de inmediato, empujas con todas tus fuerzas para apartar al ángel de ti. Complacido escuchas su agudo chillido de dolor.



Ahora que tu enemigo esta a una distancia prudente logras desplegar tus alas antes de estrellarte de cabeza contra el suelo. Elevas tu trayectoria y te posas con suavidad sobre el tronco seco de un árbol caído. Nunca perdiste de vista a tu enemigo. Aquel ángel desplegó también sus alas y termino posándose sobre una roca a poca distancia de ti. Ahora que puedes ver a tu enemigo te das cuenta de que se trata de un ángel femenino cuyas ropas están desgarradas a la altura del pecho, tiene una herida grande en el pecho de donde fluye un poco de sangre, pero no la suficiente como para ser algo más que una simple molestia.



Controlas tu respiración, el ángel hace lo mismo esperando el siguiente embate y es cuando te percatas de otros sonidos a tu alrededor. La batalla se ha quedado bastante lejos, el arroyo tintinea con sus tranquilas aguas vacías de odio, as flores emanan su fragancia con inocencia, totalmente ajenas a todo rencor, un ave distraída pasa sobre tu cabeza en dirección al antiguo árbol que duerme apaciblemente a orillas del rió. Para tu desgracia han llegado al santuario.

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[LIBRO BLANCO] Fuego y Nieve

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